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Amputación por diabetes: por qué ocurre y cómo reducir el riesgo a tiempo

Amputación por diabetes: por qué ocurre y cómo reducir el riesgo a tiempo

28 ago 2026·Publicado por Dr. Gerardo Heredia·11 min de lectura

Cuando alguien recibe un diagnóstico de diabetes, rara vez imagina que una uña mal cortada o una ampolla pequeña puedan convertirse, meses después, en una amenaza real para su pie o su pierna. Sin embargo, esa es la realidad que enfrentan miles de personas en México cada año. La buena noticia —y es importante decirlo desde el principio— es que la mayoría de las amputaciones relacionadas con diabetes no son inevitables . La secuencia que lleva a ese desenlace puede interrumpirse en casi cualquier punto, siempre que se actúe con información y sin demora.
Este artículo está escrito para quienes ya tienen diabetes y quieren entender qué los pone en riesgo, para quienes tienen una herida que no cierra y no saben qué tan seria es, y para quienes han recibido la palabra «amputación» y necesitan saber si existen otras opciones. El Dr. Luis Gerardo Heredia Plaza, Angiólogo y Cirujano Vascular y Endovascular con consulta en Monterrey, Nuevo León, atiende con frecuencia este tipo de situaciones y considera que la educación del paciente es la herramienta preventiva más poderosa disponible.

La cadena de eventos: cómo una herida pequeña puede escalar

Entender cómo evitar una amputación por diabetes comienza por comprender la secuencia que la precede. No ocurre de un día para otro; es un proceso que avanza por etapas y que, en cada una de ellas, puede detenerse.
Paso 1 — La lesión inicial. La diabetes daña los nervios periféricos con el tiempo, un proceso llamado neuropatía diabética. Cuando los nervios no funcionan bien, el pie deja de sentir con precisión: el calor, la presión, el dolor. Una uña encarnada, un callo, una ampolla por zapato nuevo o una cortada al bañarse pueden pasar completamente desapercibidos.
Paso 2 — La úlcera. Sin la señal de dolor que normalmente detiene el daño, la lesión se profundiza. La piel se rompe y aparece una úlcera. En condiciones normales, el cuerpo la cerraría en días. En una persona con diabetes, la cicatrización está comprometida por el exceso de glucosa en sangre, que afecta la función de las células reparadoras.
Paso 3 — La infección. Una úlcera abierta es una puerta de entrada para bacterias. La infección puede avanzar hacia tejidos más profundos, tendones y hueso (osteomielitis) con rapidez sorprendente, especialmente cuando el sistema inmune también está afectado por la diabetes.
Paso 4 — La isquemia. La diabetes daña también las arterias, reduciendo el flujo de sangre hacia los pies. Sin circulación adecuada, los tejidos no reciben oxígeno ni los antibióticos llegan en concentración suficiente. El tejido comienza a morir. Esto es lo que se conoce como pie diabético isquémico, y es el escenario donde el riesgo de amputación se vuelve más concreto.
Según datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y la Secretaría de Salud, México registra decenas de miles de amputaciones relacionadas con diabetes cada año, siendo el pie diabético una de las principales causas de hospitalización en personas con esta enfermedad. Sin embargo, estudios internacionales estiman que entre el 49% y el 85% de estas amputaciones podrían prevenirse con detección y atención oportuna.

Los tres momentos donde la cadena puede interrumpirse

La secuencia descrita arriba no es un destino fijo. Tiene puntos de quiebre donde una intervención adecuada cambia el curso completamente.
Momento 1: Prevención diaria. El cuidado cotidiano del pie es la primera línea de defensa. Revisar los pies cada día —incluyendo la planta y entre los dedos—, mantener la piel hidratada, cortar las uñas en línea recta, usar calzado adecuado y nunca caminar descalzo son hábitos que reducen significativamente la aparición de lesiones. El Dr. Luis Gerardo Heredia Plaza recomienda que los pacientes con diabetes incorporen la revisión de pies como parte de su rutina diaria, con la misma regularidad con que toman su medicamento. Una guía práctica de revisión puede ser un punto de partida útil para quienes no saben exactamente qué buscar.
Momento 2: Atención temprana de heridas. Cualquier herida en el pie de una persona con diabetes debe considerarse seria hasta que un médico diga lo contrario. No existe la herida «pequeña» que puede esperar una semana. La atención en las primeras 24 a 48 horas marca una diferencia clínica real. Si la herida no muestra signos de cierre en 48 a 72 horas, o si aparece enrojecimiento, calor, secreción o fiebre, es momento de buscar atención especializada de forma inmediata. Ante cualquier signo de urgencia vascular, no esperar.
Momento 3: Revascularización oportuna. Cuando el problema de fondo es la falta de circulación, tratar solo la herida no es suficiente. Es necesario restaurar el flujo sanguíneo hacia el pie. Procedimientos como la angioplastia periférica —una técnica mínimamente invasiva que abre arterias obstruidas— pueden lograr que tejidos que parecían condenados recuperen viabilidad. Esta es precisamente el área de especialización del Dr. Heredia: la cirugía vascular y endovascular orientada al salvamento de extremidades.

Por qué pedir una segunda opinión vascular antes de aceptar una amputación mayor

Recibir la recomendación de una amputación es una de las noticias más difíciles que puede escuchar un paciente. Es comprensible sentir que no hay más opciones. Sin embargo, antes de aceptar una amputación mayor, es clínicamente razonable solicitar una valoración por un cirujano vascular .
La razón es concreta: no todos los centros de atención cuentan con la capacidad técnica para evaluar si existe circulación recuperable mediante procedimientos endovasculares. Un estudio de imagen vascular —como el ultrasonido dúplex o una arteriografía— puede revelar si hay arterias que puedan tratarse para mejorar el flujo y permitir la cicatrización. En muchos casos, una extremidad que parecía perdida puede salvarse cuando se cuenta con el diagnóstico correcto y el equipo adecuado.
Esto no significa que toda amputación sea evitable. En situaciones de infección grave con riesgo para la vida, o cuando el tejido ha perdido viabilidad de forma irreversible, la amputación puede ser la decisión médica correcta. Pero esa determinación debe tomarse con toda la información disponible, incluyendo una evaluación vascular completa.

Estudios diagnósticos que orientan la decisión clínica

El diagnóstico vascular en pie diabético no depende de una sola prueba. El Dr. Heredia utiliza una combinación de estudios para obtener un mapa completo de la circulación del paciente:
  • •
    Ultrasonido dúplex arterial: permite ver el flujo de sangre en las arterias de la pierna y el pie sin radiación ni contraste. Es el estudio inicial más utilizado.
  • •
    Índice tobillo-brazo (ITB): una medición sencilla que compara la presión arterial en el tobillo con la del brazo. Un resultado bajo indica enfermedad arterial periférica.
  • •
    Arteriografía por tomografía computada (angiotomografía): ofrece imágenes detalladas de las arterias y ayuda a planear procedimientos de revascularización.
  • •
    Arteriografía convencional: el estándar de referencia cuando se planea una intervención endovascular, ya que permite tratar y diagnosticar en el mismo procedimiento.

Opciones de manejo: lo que existe hoy

El abordaje del pie diabético con compromiso vascular puede incluir varias estrategias, que no son excluyentes entre sí:
Manejo de la herida: limpieza, desbridamiento del tejido no viable, apósitos especializados y, en algunos casos, terapia de presión negativa. El objetivo es crear condiciones para que la cicatrización sea posible.
Control de la infección: antibióticos dirigidos al tipo de bacteria identificada, con duración y vía de administración determinadas por la profundidad de la infección.
Revascularización endovascular: angioplastia con balón o colocación de stent en arterias obstruidas. Es un procedimiento mínimamente invasivo que puede realizarse con anestesia local y recuperación relativamente rápida.
Cirugía de bypass: cuando las arterias no son accesibles por vía endovascular, puede construirse un puente con vena del propio paciente para llevar sangre al pie.
Amputación menor: en algunos casos, la resección de un dedo o una parte del pie —preservando el resto de la extremidad— es la opción que permite salvar la mayor cantidad de tejido funcional posible.
Cada caso es diferente. La decisión sobre qué camino seguir depende de la extensión de la lesión, el estado de las arterias, el control glucémico del paciente y su condición general de salud. No existe un protocolo único que aplique a todos.

La vida después de salvar el pie: seguimiento para no recaer

Salvar una extremidad no es el final del proceso; es el inicio de una etapa de seguimiento activo. Las personas que han tenido una úlcera diabética tienen un riesgo significativamente mayor de presentar una nueva lesión en los siguientes años. Por eso, el seguimiento regular con el equipo de salud —que puede incluir angiólogo, endocrinólogo, podólogo y médico de primer contacto— es parte esencial del tratamiento.
El control glucémico sostenido, la revisión periódica de los pies, el uso de calzado terapéutico cuando está indicado y la vigilancia del estado circulatorio mediante estudios de seguimiento son las herramientas que reducen el riesgo de recaída. El Dr. Luis Gerardo Heredia Plaza establece planes de seguimiento individualizados para cada paciente, con el objetivo de mantener la extremidad funcional a largo plazo.

Prevención activa: lo que puede hacer hoy

Si tiene diabetes, estas acciones concretas pueden marcar una diferencia real:
  • •
    Revise sus pies todos los días, incluyendo la planta. Use un espejo si es necesario.
  • •
    Mantenga su glucosa en los rangos indicados por su médico. El control glucémico es el factor modificable más importante.
  • •
    No camine descalzo, ni en casa.
  • •
    Use calzado cómodo, de su talla, sin costuras internas que rocen.
  • •
    Corte las uñas en línea recta y no demasiado cortas.
  • •
    Hidrate la piel de los pies, pero no entre los dedos.
  • •
    No fume. El tabaco daña directamente las arterias y agrava la isquemia.
  • •
    Acuda a revisión vascular al menos una vez al año si tiene más de 10 años con diabetes, o antes si tiene síntomas como dolor al caminar, pies fríos o heridas que no cierran.

Preguntas frecuentes

¿Toda persona con diabetes va a perder un pie? No. La mayoría de las personas con diabetes bien controlada y con cuidados adecuados nunca desarrolla una úlcera grave. El riesgo existe, pero es manejable con prevención activa y seguimiento médico regular.
¿Qué tan rápido puede avanzar una infección en el pie diabético? En personas con diabetes y mala circulación, una infección puede progresar de la piel al hueso en cuestión de días. Por eso cualquier herida que no mejora en 48 horas debe evaluarse por un médico sin demora.
¿La angioplastia puede salvar un pie que ya tiene una úlcera? En muchos casos, sí. Si la causa principal de que la úlcera no cierra es la falta de circulación, restaurar el flujo sanguíneo mediante angioplastia puede permitir que los tejidos se recuperen. La evaluación vascular previa es indispensable para saber si esta opción aplica en cada caso específico.
¿Debo buscar una segunda opinión si me recomiendan amputar? Es clínicamente razonable hacerlo, especialmente si no se ha realizado una evaluación vascular completa. Un cirujano vascular puede determinar si existe circulación recuperable que cambie el pronóstico de la extremidad.
¿Cuánto tiempo tarda en sanar una úlcera diabética tratada correctamente? Depende de su profundidad, del estado de la circulación y del control glucémico. Úlceras superficiales con buena circulación pueden cerrar en semanas. Lesiones más complejas pueden requerir meses de tratamiento multidisciplinario.
Si usted o alguien cercano tiene diabetes y está preocupado por el estado de sus pies, o si ha recibido una recomendación de amputación y desea conocer todas las opciones disponibles, puede solicitar una valoración con el Dr. Luis Gerardo Heredia Plaza. Su consulta está disponible en CEM Obispado y Doctors Hospital, en Monterrey, Nuevo León.
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Referencias científicas

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